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EL IDEADOR SE PAGA

¡Hola!


Hace unos días leí en una famosa revista de Arquitectura a una/un (lo dejo en incógnito) periodista que concluía "lo que vale de un profesional es su experiencia y buen hacer, al margen de que sea capaz de brindar servicios integrales", haciendo referencia al mundo del diseño y la decoración. ¿Qué opinan? Yo no estoy muy de acuerdo.


Quienes formamos parte del sufrido mundo del diseño (arquitectónico, industrial, moda, gráfico, publicitario, etc.) somos conscientes de lo mucho que valen las ideas, pues conocemos el trabajo que se ejerce hasta llegar a ellas. Sabemos lo inspiradoras que pueden ser, la motivación que pueden provocar y el motor que pueden encender. Y ni hablar de cuando logramos materializarlas. Creemos que valen tanto que, en realidad, no sabemos cuánto valen.


¿Cómo organizarías este espacio? ¿Que harías con el packaging? ¿Cuál frase usarías? ¿Qué paleta de colores implementarías? Los famosos “consejos”, o bien, ideas regaladas que muchas veces estamos dispuestos a dar con tal de producirlas o publicitarnos, como si la creatividad no valiese nada. Ahora sumemos la competencia del mercado, pues “ya todo está inventado” y debemos otorgarle nuestra impronta a cada producto, como si fuese tarea fácil de realizar. Estamos condenados a tener la mente en constante funcionamiento, pensando y repensando cada paso que damos, para poder ganar una carrera contra nosotros mismos.


Yo creo que las ideas valen mucho, así como también, somos culpables de hacer que valgan tan poco. Quizá deberíamos dejar de brindar nuestra opinión a los potenciales clientes y regalarles solo el pantallazo general esperando que quieran ver el resto. O dejar de cobrar solo el medio de producción, para lograr que nos paguen por nuestra originalidad. Quizá, y estoy convencida de que es así, tendríamos que reemplazar el “¿cuánto vale mi idea?” por “¿cuánto valgo?”.



Creo que el cambio está en comenzar a apostar por las ideas, por quiénes las ejecutan, por las personas y los equipos. Apostar a la experiencia, al profesionalismo, a la creatividad y la capacidad de llevarlas a cabo. Enfoquemos el norte del diseño en aprender a monetizar eso, y enseñarle al cliente que es nuestro trabajo, nuestra profesión y para lo que estudiamos y nos seguimos capacitando día a día. Apostemos a pensar en cuánto valemos.


Quiero saber que piensan al respecto ¡Los leo!


Julieta.

 
 
 

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