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Igualismo no es Feminismo

Actualizado: 11 ago 2020

“…si el feminismo busca la igualdad, debería llamarse igualismo”, “…el feminismo es el machismo al revés…”, “…los hombres también sufren violencia de género…”. Resulta curioso cómo cada vez que se intenta desprestigiar al movimiento feminista, se coloca al hombre en la cumbre de la ola en un intento fallido de generar un debate de sexos, cuando nuestro objetivo lejos se encuentra de excluirlos o rechazarlos.

Para ubicarnos sobre terreno universal (aunque no menos patriarcal), la RAE define al feminismo como “el principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre, así como el movimiento que lucha por la realización efectiva en todos los ordenes del feminismo”. En otras palabras, podríamos decir que no “lucha” contra el patriarcado, sino que trabaja por una sociedad en la que nacer mujer no suponga una menor capacidad legal ni real de habitar, encargándose de hacer visible a la mitad de la población que ha sido sistemáticamente ignorada durante casi toda su historia.

No se trata de una oposición al machismo porque no intenta tener más poder que el hombre. No se trata de igualdad porque somos diferentes. No se trata de una moda marketinera porque es un asunto de derechos humanos y cambio social. Aunque, si eso cree la sociedad, ¿por qué no habríamos de aprovechar su desinformación para mostrar el mensaje en la mayor cantidad de pantallas posibles?

El feminismo se trata de equidad porque busca que cada persona disponga de sus derechos según sus propias características, sin ser menoscabado por otro. No es nuestra intención adaptarnos a las normas y reglas impuestas por el patriarcado, sino lograr que cada individuo tenga las libertades que le corresponden.

Aún así, para asumir que es necesario el feminismo, debemos ser conscientes primero que no vivimos en un mundo igualitario ni equitativo. Nos encontramos encabezando un proceso que históricamente ha puesto a la mujer en una posición de sumisión, subyugación y ocultamiento, por lo que debemos lograr ser escuchadas y amplificadas para reconducir todos los ideales que se nos han impuesto (e incluso nos han hecho sentir culpable por ello).

El feminismo se llama feminismo. Nos gusta el nombre, lo queremos y no estamos dispuestas a seguir sumando connotaciones negativas a cualquier cosa que se asemeje o suene como mujer. Es legítimo y es deconstrucción.

 
 
 

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